lunes, 1 de febrero de 2016

La última batalla


Esta es Ascensión Mendieta, una anciana que ha pasado toda su vida luchando por recuperar los restos de su padre, Timoteo Mendieta, que fue fusilado por los franquistas. Conocer su historia me conmovió y me sirvió de inspiración para escribir el relato con el que he participado en la semana 17 del concurso Relatos en Cadena que organizan @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "Subir de nuevo a la habitación". Esta vez, no ha habido suerte en el concurso. Pero Ascensión, por fin, ha logrado un poco de justicia: ya tiene los restos de su padre. A sus 90 años, luz al final del túnel.


Subir de nuevo a la habitación con sorprendente ligereza; pisar con firmeza los escalones de la vieja escalera y no hacer ni caso al sonido del crujido de huesos y madera; abrir la puerta y recibir una vaharada de densa penumbra en el rostro; pasar los dedos nerviosamente por la suave colcha de hilo de la cama; acariciar la vieja fotografía amarilla, tan querida y, con el último aliento, decir en voz alta: “Madre, por fin hemos encontrado la fosa donde enterraron a padre”. Y abrir, después de 80 años, la ventana al sol.
 
 
Y otras escaleras me han inspirado el segundo de los relatos: las que condujeron a Alejo García al locutorio de RNE donde aquel 9 de abril de 1977 anunció al mundo la legalización del PCE. Fue un auténtico
Sábado de Gloria
 
Subir de nuevo a la habitación insonorizada de donde acababa de salir, atropelladamente, esquivando mesas y sillas a la velocidad del rayo; notar cómo el sudor empapaba su camisa y cómo la corbata le oprimía ahora aún más el cuello; hacer un gesto al compañero desde el otro lado del cristal; sentarse todavía sin resuello a esperar a que se pusiera el piloto en rojo y anunciar, con voz entrecortada, que este 9 de abril de 1977 iba a cambiar la historia.
 


martes, 19 de enero de 2016

Indicios o esperanzas



Semana 16 de la IX edición de Relatos en cadena, concurso que organizan @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba". En esta ocasión, mi relato fue seleccionado para la final semanal. Espero que os guste.

Pero nunca, sin saber bien por qué, dejarán de mirar hacia arriba. Porque era de noche cuando desapareció todo: primero, las plantas y las flores; después, los animales. Desde entonces ya no se escucha a las vacas mugir ni a los perros ladrar. El silencio se adueñó de las calles y un viento helado se coló por cada rendija de las casas. La gente se acostumbró a caminar entre la niebla, con la espalda encorvada. Se fueron encogiendo, disminuyendo, diluyendo. Aunque no pueden evitar seguir escudriñando el cielo en busca de una señal.

lunes, 14 de diciembre de 2015

La sorprendente historia de dos viejos por fin realizados

Semana 11 del concurso "Relatos en cadena", organizado por @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado". Y esta fue mi propuesta ( lo breve, si breve, dos veces breve).


Van a ir a comprarse un vestido nuevo y un helado. El helado es para ella. El vestido, para él.

sábado, 12 de diciembre de 2015

SÁBADO



En cuanto despierta sabe que no es un día como otro cualquiera. Primero, por la hora (se ha levantado un poquito más tarde); luego, por el vestido: hoy no es necesario ponerse ese feo uniforme del colegio como quien se pone un hábito. Su madre ha abierto las ventanas y anda con el plumero quitando todas las motas de polvo, reales o imaginarias, que encuentra en su camino. La niña sabe que esa luz de principio de invierno que se cuela por los ventanales será única y que tendrá que retenerla en su memoria para revivirla. El padre ha ido a almorzar al bar con los vecinos, esa costumbre tan nuestra que ese día especial también se prolonga un rato más. Madre o hija irán al mercado (no tienen más que cruzar la calle), un lugar que todavía tiene algún sentido. Probablemente, la madre cocinará macarrones o asará un pollo en el horno. Alguien compró el viernes una tableta de chocolate y ella y sus hermanas la devorarán en cuanto acaben de comer, sentadas frente al televisor viendo alguna película de Danny Kaye. Aún no tienen edad para salir a tomar café con sus amigas. O quizá sí. Pero no lo hacen. Hay una luz violeta que se cuela por la claraboya de la casa, una casa cerrada, construida con tan poca luz que ella ha ido avanzando a tientas hasta aquí, apenas iluminada por el recuerdo de aquel sábado de invierno.

martes, 8 de diciembre de 2015

Una de dos

 
Semana 10 del concurso "Relatos en cadena", organizado por @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "Las besa con suma conciencia para no equivocarse". Y en menos de cien palabras... Ésta ha sido mi propuesta.
 
Las besa con suma conciencia para no equivocarse aunque ni siquiera el café doble que se acaba de tomar logra disipar en su cabeza la bruma de la noche. Olivia y Joan, Joan y Olivia. Últimamente, sus sueños eróticos son tan reales...
 

lunes, 9 de noviembre de 2015

Ley de vida



Semana 8 de la IX Edición de Relatos en cadena de @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos", y en menos de cien palabras, esta ha sido mi propuesta.


Ley de vida

Salen sigilosamente de las habitaciones de sus hijos después de haberles arropado y de haberles dado un beso, la tibieza de la piel sonrosada todavía en los labios, el tacto sedoso del cabello infantil aún en los dedos. Todas ellas tienen una sonrisa triste porque saben que esta es la última noche que arropan, besan y tocan: mañana ellos ya serán hombres que huyen de sus madres.

lunes, 5 de octubre de 2015

Ella tenía ojos de Ana Torrent

                   Fotograma de la película "El espíritu de la colmena", de V. Erice.

Cuarta semana del concurso Relatos en cadena, que organiza @laventana y @deescritores. En esta ocasión, la frase de inicio era "El puñetero ojo de la cerradura". Y pensé en los ojos de Ana Torrent. En menos de cien palabras, esta es la historia que escribí: 

El puñetero ojo de la cerradura era demasiado pequeño para conseguir ver nada. O quizá el miedo de Vivian era mayor que la curiosidad por descubrir lo que pasaba en esa habitación donde su madre se encerraba, cada día, durante un par de horas. Cuando los ruidos cesaban y la puerta se abría, la niña sabía que ya era hora de comer.