martes, 22 de septiembre de 2015

El cobarde temerario


Tercera semana de la IX edición del concurso "Relatos en cadena" de la SER, organizado por @laventana y @deescritores. La frase de inicio era "¡Cuánta fuerza y qué poca puntería". Y en menos de cien palabras...

El cobarde temerario 

¡Cuánta fuerza y qué poca puntería! La frase le martilleaba una y otra vez en la cabeza. Aquella voz punzante le taladraba el cráneo con la precisión de un cirujano y se abría paso entre las diversas capas del cerebro hasta quedar incrustada en su lóbulo frontal. Ella era la culpable de haberle inoculado ese veneno, palabra tras palabra, día tras día. Por eso no tuvo más remedio que llevarse a la niña. Veremos qué se le ocurre decir ahora cuando se entere de lo que ha hecho y compruebe lo equivocada que estaba.

Quien ríe el último...

“¡Cuánta fuerza y qué poca puntería!” es una de las típicas expresiones de mi mujer. Por la noche, en el sofá, exclama ¡quien mucho abarca, poco aprieta! y entonces sé que he cometido algún error y que hay que irse a dormir. Por la mañana no dice buenos días sino “más vale pájaro en mano que ciento volando” en un tono que me deja temblando toda la jornada. Créanme: hasta el hombre más bueno del mundo tiene un límite. Así que no quiero ni imaginar qué frases saldrán de su boca cuando sepa que me he largado y que además me he llevado a la niña. 

lunes, 15 de junio de 2015

El funcionario

                                               Fotograma de la película El francotirador

Semana 32 del concurso Relatos en cadena de @laventana y @deescritores. La frase de inicio era “Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle”. Y en menos de cien palabras...

El funcionario

Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle. Apreté el gatillo y el hombre cayó. Su mirada vacía se quedó flotando en el aire durante un buen rato. Pero yo ya no estaba allí.
Abrí la nevera. Solté una maldición. Algún cabrón se había bebido la última cerveza.
Regresé a la torreta. Esa sed no se me iba a pasar en todo el día.
 
El trofeo
Volví a enfocar su figura uniformada en la mirilla del rifle. El corazón me latía desbocado y gotas de un sudor frío me resbalaban por la frente. Notaba la boca pastosa y un pitido en los oídos. Sólo me quedaba una oportunidad. Procuré calmar el temblor de las manos y disparé. El soldado cayó como un muñeco. Paula intentó cogerme  de la mano.
-Papá, ¿he ganado el peluche?
 
 

 

 

lunes, 8 de junio de 2015

Querer es querer querer


 Semana 31 de la VIII edición del concurso Relatos en cadena, organizado por @laventana y @deescritores. La a frase de inicio era  "Salió, sigilosa, a estirar las piernas". Y en menos de cien palabras...

Salió, sigilosa, a estirar las piernas. Las notaba entumecidas después de tanto rato en la cama fingiendo que dormía. Pensó que hicieron bien en comprar aquella casa en el campo porque ahora podía salir al exterior y, casi a oscuras, dar vueltas por el jardín. Sacó el paquete de tabaco de su escondrijo. Se repitió que tendría que dejarlo. Mientras se encendía el segundo, sopesó una posibilidad. Después, otra. Se imaginó dando un beso a sus hijos y dejando una nota. Casi al alba, decidió que era hora de volver a la cama. Quizá pusiera lentejas para comer.

lunes, 11 de mayo de 2015

Cherchez la femme



Semana 28 del concurso Relatos en cadena, organizado por @laventana y @deescritores. La frase de inicio era : “Ya no podíamos contar con él”. Y en menos de cien palabras...


1-Cherchez la femme
Ya no podíamos contar con él, me advertían los colegas en sus cartas. Que el Juanca está cambiado, me decían, que ya no es el que era. Se había  echado novia -cajera de un súper- y apestaba a colonia de marca. Y ya no iba a los billares. Hasta que salí, yo siempre lo defendía. Pero tuve que acabar dándoles la razón cuando lo vi bajando de un Mercedes blanco en vez de empotrarlo contra el escaparate de la joyería.
 
2-Los Ulises
Ya no podíamos contar con él, ni nunca tendríamos que haberlo hecho. Deberíamos habernos tapado los oídos para no escuchar sus suaves y acarameladas palabras y habernos atado a la pata de la cama para no acudir a sus llamadas. Pero es demasiado tarde. La policía amenaza con echar la puerta abajo si no abandonamos la vivienda inmediatamente.


 
 




 
 
 
 
 
 
 

 

miércoles, 6 de mayo de 2015

Curso del 89





La intención de seguir siendo sólo amigos sucumbió aquella tarde de junio en la terraza del piso de estudiantes de Valencia. Dijiste que ya no te cabía ni un tema más de “Historia del pensamiento político y social”. Y cuando saliste del baño llevabas puesto un biquini de rayas azules y blancas que echó por tierra todos mis propósitos.

(Microrrelato extraviado de la semana 26 de Relatos en cadena. La frase de inicio era "La intención de seguir siendo sólo amigos").

lunes, 4 de mayo de 2015

Mejor el silencio


Semana 27 de la VIII edición del concurso Relatos en cadena, organizado por @laventana y @deescritores . La frase de inicio era: “El incómodo cadáver del mediador familiar”. Y en menos de cien palabras...


El incómodo cadáver del mediador familiar había acabado por convertirse en un elemento más de la decoración del salón. Lo habían arrumbado en un rincón junto a los otros y al horroroso cisne de porcelana que les regaló la tía Paquita para su boda. Por la noche, en silencio, arrastraban el sofá hasta el otro extremo de la habitación y se sentaban a ver la tele lejos de los muertos. El problema era que habían empezado a heder, pero si se dirigían la palabra de nuevo acabarían por volver a discutir. ¿Y a quién matarían esta vez?

domingo, 26 de abril de 2015

Carmen, la chilena

En el número 29 de la revista GURB mis colegas han escrito sobre Rodrigo Rato (solo o en compañía de otros). También yo tenía alguna idea que aportar sobre él. Pero una muerte se ha cruzado en mi camino. Así que en lugar de Rodrigo, el rata, he escrito sobre Carmen, la chilena. Es un pequeño homenaje a esas personas que desprenden luz, y cuya ausencia no deja en la más dolorosa oscuridad. L'Avi, mi queridísimo compañero en GURB, ha sabido plasmar mi relación con Carmen en esta tierna viñeta.



Finalmente, no te has muerto en febrero sino en abril para que una ignorante como yo pueda escribir aquello de “abril es el mes más cruel”, que escribió T. S. Eliot y dicen que cantaban Danza Invisible. La vida ha seguido unos cuantos días desde que tú no estás y yo no sabía que tú no estabas. Así que hasta esta mañana no he sabido de la crueldad de este mes de abril y esa ignorancia no hace sino aumentar mi pena y mi dolor.

Me cuentan que a tu entierro ha ido todo el pueblo, todo el pueblo menos yo porque alguien con buena intención ha querido ahorrarme ese trago. Pero lo comprendo: al fin y al cabo, ya nos habíamos despedido aquel día de febrero en el que fui a verte sabiendo que sería la última vez. Tus transparentes ojos azules me observaron con cariño mientras yo te miraba, casi de reojo, con mis vulgares ojos marrones. De reojo, para que no te dieras cuenta de cómo se me humedecían ni del esfuerzo que estaba haciendo por contener las lágrimas. Como siempre, saqué el pañuelo del disimulo, murmuré algo de las lentillas y de la alergia y tú, dando por concluida la conversación, con esa voz tierna y cansada que tenías en los últimos días, me dijiste “pero hay algo que me ayuda”, como si con esa frase quisieras completar mi pensamiento, como si con esas palabras quisieras consolarme, como si quisieras que tu fe pudiera servirme de bálsamo a mí, y no a ti. Nuestras últimas palabras.

“Es ley de vida”, “se ha ido sin sufrir”, “era muy mayor”, “al menos, no ha sido larga la agonía”. Todas estas cosas y otras parecidas se dicen de los viejos que se mueren. Los viejos no le importan a nadie. Se mueren a puñados, como es natural. Y quienes lo dicen parecen ignorar que cerrarán los ojos un día, un leve parpadeo, y que cuando los vuelvan a abrir también serán unos viejos que no importan a nadie.

Eras una vieja, Carmen, tenías que morirte. Y sin embargo si alguien encajaba como la mano en un guante en el adjetivo “vital” eras tú. Y eso que tuviste una vida tan difícil… el abandono, la orfandad, la guerra, la traición, la enfermedad y la pérdida de los hijos. Viviste en tres países y en todos ellos hiciste amigos que te adoraron (escucho desde aquí cómo te lloran en Palo Alto y en Dolores Hidalgo). Sin haber ido apenas a la escuela, eras más sabia más que todos nosotros juntos. Sobre todo aprendiste una cosa: que vivir es resistir. Y ese lema era como una bandera con la que nos envolvías cada vez que nos quejábamos por el frío.

Eras una vieja, Carmen, tenías que morirte. Y contigo se me han muerto todos mis muertos, todos a los que amé y se me olvidó decírselo porque pensé que tendría tiempo, porque me daba vergüenza, porque mi pañuelo del disimulo ya entonces servía también para eso.

Miro las fotografías que tú me regalaste y te veo tan pequeña y tan seria… Cuánta vida hay en esos rectángulos de papel amarillento. Tú te has ido pero ellas continúan hablándome de ti aunque no puedo mirarlas sin llorar, ni tampoco sea capaz de escuchar las grabaciones que tengo con tu voz. Dicen que el encuentro con algunas personas te cambia la vida y te transforma. Estupideces. No soy mejor por haberte conocido: es el mundo el que me parece menos malo porque tú has estado en él.

Aquel febrero te abrí las puertas de mi casa y tú me abriste tu corazón en una relación tan desigual que nunca podré devolverte todo lo que me diste. Me contaste tu historia, me confesaste cosas que jamás habías dicho a nadie, me trataste como a tu nieta más querida aunque no fuéramos ni familia. Me diste amor, esa palabra tan sobada que ha acabado por no significar nada. ¿Cómo se pueden querer dos personas que apenas hace un año que se conocen? Es un misterio, como todo lo que envuelve a ese sentimiento.

Pero me querías. Desde el primer día que llamaste al timbre de mi casa y subiste hasta la cocina donde yo ya estaba preparando el café. Durante meses me fuiste desgranando tu historia, relatos de tu vida que yo escuchaba casi siempre horrorizada y conmovida. No sé por qué quisiste contármelo a mí. No sé por qué quisiste que yo soportara la carga de tus recuerdos. “Otra batallita que no importa a nadie de una vieja que no importa a nadie”. Podría escribir que es una putada que te hayas muerto, como si fuera un hecho evitable. Pero la putada fue conocerte porque si eso no hubiera sucedido ahora no estaría sufriendo por el peso de tu ausencia y por la responsabilidad que has dejado en mis manos. Porque te debo una, Carmen. Así que tendré que hacer aquello que acordamos porque no sería honrado que me acogiera una vez más a mi cobardía para dejar la tarea sin acabar. A mí sí me importa esta vieja que se ha muerto. Sí me importa. Sí.

Se me han muerto todos mis viejos, Carmen, también tú. Aunque creo que a ti sí que te dije que te quería, ¿recuerdas? Fue aquella tarde en la cocina de mi casa en que me enseñaste que vivir es resistir.