miércoles, 16 de abril de 2014

Pascua









Escucho esta canción y viajo a la Pascua de hace casi treinta años, jóvenes airados que van en bicicleta hasta la playa del pueblo y en lugar de comerse la mona ansían un supermán o un mitsubishi para seguir pedaleando, no importa dónde.  M. Á., P. y ella, chicos y chicas, con el peinado a lo Morrissey o lo que considerara la peluquera del barrio. Camisetas desteñidas. Piernas como palillos. Zapatillas Converse. Este domingo volveremos y serán nuestros hijos quienes pedaleen, la mona en una mochila, los ojos bien abiertos, la boca bien abierta también para comerse esa tarde de Pascua que no ha de volver. Los observaremos mientras juegan y suspiraremos aliviados. Menos mal que morir a tu lado no acabó siendo una manera gloriosa de morir.  Menos mal.  

lunes, 31 de marzo de 2014

Octavio y los patos


Me gustaría ser Octavio Paz y cumplir ahora cien años. Ser un poeta y escribir cosas que hablen de estrellas de colores que se apagan o que amar es combatir.  Pero en lugar de eso me irrito y recojo patos de plástico amarillo de la bañera. Tal vez el martes o el viernes seré una hora feliz. O un segundo. Probablemente no. Callaré, como siempre. En vez de un poeta seré una mujer irritada por los patos amarillos de la ducha. Tan pequeño es lo que escribo y lo que siento.


martes, 11 de marzo de 2014

Retrato de familia

 Este es el microrrelato que he mandado esta semana al concurso de "Relatos en cadena", de la SER. El cuento tenía que comenzar por la frase "Nuestros mismos ojos". Espero que os guste.

Nuestros mismos ojos heredaron también los mellizos Lucas y Pepa Rodríguez Girón. Llevaban mis apellidos pero con el orden cambiado. No quise ponerles el del padre por razones obvias. A medida que se hacían mayores, más personas me decían aquello de que los perros acaban pareciéndose a su amo. Y yo, tan orgullosa.


Obviamente,  esta semana no he ganado.

jueves, 6 de marzo de 2014

Adiós y hola

Este es mi relato, que ha sido el ganador de la primera semana de marzo en el concurso de "Relatos en cadena" de la SER. La frase de inicio era "Tanto visitante inesperado". Espero que os guste.



 Tanto visitante inesperado me llenó de zozobra. Mi padre, hombre algo tosco y de pocas palabras, nunca tuvo muchos amigos. Pero entre aquel grupo de gente que había acudido al tanatorio a despedirse de él y a darnos el pésame a mi madre y a mí, había bastantes rostros desconocidos: algunos hombres que supuse amigos de la mili o de la infancia, una mujer rubia y llorosa, otras que la consolaban. De pronto, alguien me puso una mano en el hombro. Me volví y vi a un joven que tenía mis mismos ojos. Nuestros mismos ojos.

martes, 4 de marzo de 2014

Sí, estoy en el puto p y lo que sigue

Los lunes los pasamos al sol. Literalmente. O aguantamos el chaparrón, si es que llueve. Los todavía trabajadores de RTVV de la delegación de Castelló acudimos cada lunes a la redacción. Ya allí, invariadamente, un guardia de seguridad nos atiende a través de la reja. Le entregamos un papel en el que explicamos a la empresa que tan poco nos quiere, que hemos acudido a nuestro puesto de trabajo, ése por el que todavía nos pagan, y que no hemos podido acceder a él: una reja, la obcecación del molt honorable y los votos de los diputados del Partido Popular nos lo impiden. Él nos pone un cuño en ese folio... y hasta el lunes siguiente. Visto. Enterado. Y a mí qué.
Por la tarde, tengo cita con Anita, una profesora muy simpática que intenta enseñarme algo de alemán. Das ist eine Banane. Das ist meine Banane.

Los martes me visita la señora C. Es una mujer de 85 años (en absoluto una anciana) que ha tenido una vida llena de vicisitudes. Se supone que voy a escribir sobre ella, pero en realidad hacemos terapia. Pongo la cafetera, saco el chocolate y las galletas, la escucho, se me llenan los ojos de lágrimas e intento disimular. "¿Lo dejamos por hoy?", me pregunta, dulcemente, cuando revive algún recuerdo tan doloroso que todavía no está preparada para compartir conmigo. C. no es en absoluto dulce, sino una mujer hecha de pedernal, rocosa. La dulzura es sólo para reconfortarme. Ella a mí. Y lo consigue. Terapia.

Los miércoles voy a clase de valenciano con Manolo Carceller. Es una hora y media llena de risas y buen humor... y aprendizaje. Ase, somera; pallasso, pallassos; plebeu, plebea. 

Los jueves... pues los jueves los reservo para lo que no tengo tiempo de hacer el resto de los días. Porque los viernes tengo una cita delante del Palau de la Generalitat, a las 12 y 19 en punto. Moniato, moniato, moniato! Fabra, dimissió! RTVV tornarà!

Y camino, y voy a la compra, y cocino, y limpio, y escribo, y hago disfraces con bolsas de basura, y cuido de mis (tres) niños, y voy a la peluquería, y quito por fin esas telarañas de la lámpara, y, y, y. Y gracias que tengo un marido que también está en el puto p y lo que sigue, que si no...

Mis días están llenos de tareas, muchas más que cuando estaba trabajando. Algunas, poco agradables; otras, como escribir, repletas de ilusión y espero que de futuro. Así que a veces pienso que aún te voy a tener que dar las gracias, Alberto. Igual aquel 29 de noviembre me hiciste un favor. Igual aquel 29 de noviembre me hiciste una mujer.       
   

lunes, 24 de febrero de 2014

Insomnio a la manera de Belén Esteban



Camino, camino y camino. Me gustaría no tener que utilizar papelitos y un lápiz pequeño que rescaté del cajón de los cubiertos. Sí, de los cubiertos. En esta casa no está definido qué utensilios son para comer y cuáles para pensar. Camino vestida como si aún estuviera embarazada e imagino que un cable invisible va transformando mis pensamientos en palabras que escribir en un papel. O en el aire.
Y escribo en castellano porque a estas horas insomnes no soy más que pura literatura, en el sentido más sobado del término. ¿Y en qué otro idioma podría escribir que soy lo que no soy o lo que ya no quiero ser, o lo que fuera que fui y dejé de ser?
Podría escribir "como una traza azul preñada de malos augurios". Pero no.
Te dije "al final la vida son cuatro frases que se te han quedado grabadas e intentas amoldarte a ellas, caber en esa idea". Todo es literatura. La vida imita a la literatura. La vida imita al arte.
Camino, camino y camino. Saco un papelito del bolsillo de la cazadora y  con mi lapicerito gastado escribo: "La vida es una mierda". Así, por costumbre. Como el viejo que lleva todo el santo día el palillo entre los dientes. O la madre que reza un padrenuestro para hacer un huevo pasado por agua. Por costumbre. La vida es una mierda, escribo por fin. Por costumbre también.
¿Te acuerdas de cuando estaba tan delgada? La pasión me consumía. Literalmente y literariamente. Escribía las cosas que pensaba que sentía y tanta pasión ponía que llegué a caber en una 36. Ahora ya no sé qué siento, si es que siento algo, y ya vamos por la 40 y podemos empeorar. Unas engordan de felicidad y otras de aburrimiento. Por costumbre. Todo lo hago por costumbre.
Por costumbre callo. Pero en mi cabeza resuenan a cada momento voces que son las mías llamando a las cosas por su nombre. ¿Y si me atreviera un día? Pero ya sabemos que si quieres formar parte del club hay que ser más listo y volverte mudo y decir a todo que sí, o decírtelo a ti misma,  en el baño, por si acaso, cuando no hay nadie en casa. Se ha de ser muy valiente para no querer formar parte del club.
Y una madre de familia numerosa y de 46 años (casi 47) no es que forme parte de ningún club: es un club por ella misma. ¡Que familia más bonita que tienes! Los cojones, te apetece decir todo el rato. Pero callas. Por costumbre. Por las reglas del club, que son muy estrictas.
Te dije que si un día escribía una novela, un libro, algo, te lo iba a dedicar. Pero el tiempo lo llena todo de polvo y de olvido, es igual que sea la vieja cómoda de tu abuela o un sentimiento de esos que van acompañados del "para siempre", que suele durar un suspiro. Un año o dos, o diez. Un suspiro. Tendría que poner en la dedicatoria "para todos los nombres que caben en P", para todos mis lo que pudo haber sido. Todos esos nombres que me he ido encontrando en este trayecto, la mayoría de las veces sin ver por la niebla, como el rastro de un sueño (Herman Hesse). Así que en lugar de encuentros han sido encontronazos de los que he aprendido muchas cosas. La principal, a saber: si vuelve a suceder lo mismo, actuaré de manera diferente, y el resultado de esa acción (o inacción, vete tú a saber qué tocará en ese momento) será mucho mejor. Claro, como nunca sucede lo mismo dos veces ("nunca te puedes bañar dos veces en la misma agua"; Heráclito), no puedes actuar de manera distinta. Y la vuelves a cagar. Hay mil formas de cagarla. Todas diferentes y todas iguales porque toda la mierda es la misma mierda. Como la vida. Y que conste que lo digo por costumbre.
¿Qué cojones podría escribir yo? ¿A qué cojones podría ponerle una dedicatoria? Imaginemos dos escritoras de éxito. Guapas, buenas en su oficio y supongamos que tienen el mismo nombre. Carmen, por ejemplo. Una es hija de diplomáticos, ha viajado por todo el mundo, ha ido a los mejores colegios, ha mamado Chopin, Mozart y Durero. La otra es de una familia normal, nacida en un pueblo normal y con unos padres normales que tenían, pongamos por ejemplo, un bar. Obviamente ésta ha mamado anís del Mono. El sustrato. Eso es lo que las hace diferentes. ¿Cuál sería mi sustrato?, ¿de qué podría escribir yo? ¿Ya he dicho que la vida es una mierda? No me lo tengáis en cuenta. Es la costumbre. Es un tic.